
Si esta noche el cielo te parece más oscuro
no culpes a las nubes,
fuí yo, que en un viaje sin regreso...
me robé la Luna.

Ya ha amanecido y extrañamente está lloviendo, no me gustan las lloviznas en primavera, apenas acabas de salir de un crudo invierno y mientras disfrutas del comienzo del buen tiempo algo lo echa a perder -es detestable-.
—¡¡CIELOS!!— en ese momento no había notado que Isa se había quedado a dormir al lado de mi cama, pensar que nunca le había dicho que la quiero, ni siquiera una demostración de cariño, tampoco de afecto.
— Lo siento Isa, pero debes saber que yo no soy así, yo no acostumbro a demostrar afecto hacia las personas, no nos criaron así, tu fuiste la única con ese don.Ya estaba despertando, y me hice la dormida para no tener que decir algo. Sin haberlo previsto me dormí de verdad y creo que ella me dijo algo.
——Querida hermana, no sabes cuanta pena me da verte tendida en esa cama sin poder moverte, sin poder verte caminar por la casa como siempre, con esa mirada ausente, exenta de emoción, con el perfume a rosas que te caracteriza. No te imaginas cuantas veces he tratado de acercarme más a ti, poder conocer lo que pasa por tu mente, aunque tal vez esté pidiendo demasiado y tu estés bien así, quizás yo no soy importante para ti. Catherine, no sabes todo lo que te quiero.
Ahora que acaricio tu cabello mientras duermes, recuerdo los felices días cuando éramos unas niñas, tu tenías 12 años, fue antes de la tragedia que no me gusta recordar. Mamá solía peinarme todas las mañanas y después de que terminaba seguía contigo, tú odiabas ese momento, cuando por costumbre más que por accidente sentías tirones, uno tras otro. Recuerdo que mamá casi mata a la sirvienta, cuando con una de sus recetas caseras que usó para lavarte el cabello oscureció el hermoso tono rubio que tenias desde nacer.
Que buenos tiempos cuando me dejabas en la escuela y tu ibas supuestamente a la tuya, y en cambio te juntabas a escondidas de mamá con tu novio Roberto, que a ella no le gustaba por su pelo largo, y sin que me lo pidieras, yo era tu cómplice. O aquella vez en la que me obligaste a mentir para ir a una fiesta con Ángela en las afueras de la ciudad, nunca me agradó tu amiga, su rostro siempre aparentaba que ocultaba algún plan malévolo para apoderarse del mundo, sé que pudo ser una apreciación ridícula, pero yo tenía tan solo siete años. Bueno, es hora de que me vaya, debo prepararle el desayuno a mamá y soportar que piense que soy la sirvienta y que me regañe si le falta azúcar al té, o si quería tostadas en lugar de galletas.
Es lo que me ha tocado vivir por el error que cometí a los cuatro años, error que recuerdo todas las noches antes de dormir y mi peor pesadilla hecha realidad.
Pablo es abogado, me lleva por tres años de diferencia, él vive en otra ciudad, ya que nunca ha tenido buena relación con mamá, menos ahora que tiene pérdida de memoria y tampoco se lleva bien con la pequeña Isa (así le decíamos)por lo que solo viene de visita en fechas importantes como cumpleaños y navidad. Tiene esposa e hijos, dos varones, Pablo y Joaquín. No tenemos mucho contacto con ellos, pero he hablado unas cuantas veces con ella, parecía ser una mujer alegre y feliz cuando hablaba de sus hijos, pero cuando se acercaba Pablo sus ojos perdían ese brillo con el que me miraban y bajaba su mirada hacia el piso. Nunca creí que fueran felices, ni aun en la boda, cuando vi en ella que el maquillaje de sus ojos estaba levemente corrido y miraba hacia abajo para disimularlo y que él miraba a los invitados con aire de superioridad y a su reciente esposa solo le extendía el brazo para aparentar ser una pareja feliz. Por lo menos hasta que nadie más los viera.
Estaba un poco aburrida a pesar de que a ratos Isa venía a verme y me hacía un poco de compañía, pero luego se iba para atender a mamá. A veces creo que debió ser monja pero ¿qué sería de nosotros sin ella? Por supuesto que todo sería un caos.
Ya es de noche, el tiempo pasa rápido acá dentro, sin más diversión que la de ver moverse la cola de mi gato de lado a lado, sin mencionar que no deja de mirar la puerta esperando que alguien la abra para salir corriendo.
—¡¡ Maldito gato!!—

Isabel distribuye la mayor parte de su tiempo en proporcionarle todo el amor y los cuidados que puede a mi madre, a pesar de que no la reconozca como hija, en realidad a ninguno lo hace, vive en la casa como una extraña, o más bien, nosotros somos los extraños. Es esta cruel enfermedad de mi madre, la que ha sido la mayor causa de las penas de mi hermana, si es que no es la única. El tiempo restante sale con Julia, su mejor y única amiga, de treinta y dos años. Julia también es soltera, las dos salen al parque y al cine cuando hay algún estreno. Tengo que admitir que son muy agraciadas; las dos son delgadas, Isabel tiene la piel clara (bastante tersa para su edad) sus cabellos son pelirrojos, largos y ondulados hasta la cintura, sus ojos son de color verde pardo y su estatura es de 1,68. Julia mide 1,65 usa el pelo negro y corto hasta el cuello, que por cierto se ve muy bien con sus ojos celestes. Ella vive en un departamento al otro lado de la ciudad junto a su gato Coñac y el cactus que Isabel le regaló, al que puso por nombre Renato, su madre murió cuando ella cumplió veintidós años y a su padre nunca lo conoció. Trabaja de martes a viernes en la biblioteca de la ciudad clasificando los libros que llegan y los sábados hace tours en un museo, no le pagan mucho, pero Julia disfruta mucho las pinturas y las esculturas.
Fue en este museo donde se conocieron, y a pesar de que Isabel no comparte el mismo amor por el arte que Julia, ambas saben, con esta amistad, llenar los vacíos de sus vidas.
No puedo negar que me sentía un poco inútil, aquí, postrada en esta cama que ahora miro desde acá arriba, después de que ese automóvil me arrolló, (nunca debimos salir del campo para venir a la ciudad), pero no es nada grave, (eso pensaba yo) es cierto que no podía mover las piernas pero el médico dijo que era algo pasajero, claro que Isabel se preocupó mucho y casi se puso a llorar. Ella es un poco sensible...

Era un día anaranjado. Me hallaba recostada en mi cama, como de costumbre no tenía nada que hacer, todo m e parecía tan obvio, que ya había perdido las ganas de vivir, bueno, no es que me quisiera matar, únicamente ya nada lograba emocionarme. Hasta el aroma de las flores y el zumbido de las abejas recolectando el polen para la elaboración de la miel, que antes podía devorar en tan solo unas horas, me parecía inerte. Sí, esa miel que mi padre gustaba sacar de los panales sin más protección que la de unos guantes y sin salir lastimado ni una sola vez. En ni una sola oportunidad hasta aquella tarde del 14 de febrero, cuando yo tenía 12 años. A causa de las miles de picadas de abejas enfurecidas que recibió por salvar a mi hermana pequeña que sólo trataba de imitar lo que nuestro amado padre hacía. Ese maldito 14 de febrero mi padre dejaba de existir. Mi madre no pudo recibir su regalo del día de los enamorados. Mi padre tampoco.
Isabel, mi querida hermana, menor que yo por ocho años, se sentía culpable de aquella muerte desde que Pablo, el primogénito y consentido de papá, le dijo que ella debería estar muerta, y que la vida de la que ahora gozaba se la robó a mi padre. Isabel no olvida ese suceso por lo que no logra mantener una relación más cercana con Pablo. Ahora tiene treinta y tres años, aunque no aparenta más que veintisiete, no es casada y no tiene novio, yo y pablo pensamos que se debe a que
se siente responsable de la familia por ocasionar la muerte de papá. La verdad es que Pablo no siente mucho remordimiento por aquello, solo siente rabia porque no alcanzó a convencer a papá de que cambiara su testamento, ya que a pesar de ser su hijo preferido nos dejó la mayor parte de la fortuna a nosotras. Pablo nunca fue muy responsable.
Estas aun en mi cabeza y te siento quemando bajo mi piel
El sueño me abandona y la imaginación me tortura
Las ideas se me escapan burlándose, infames de mi fortuna
Y mis lagrimas se precipitan suicidas a una taza de café con miel…
Cada silencio me hace rogar por el sonido de tu voz…
Quiero gritar, decirle a tu aroma en mi cama que no significa(S) nada,
Que no me mata tu ausencia, que no me siento asustada
(Pero me da vida tu mirada)
Tal vez no entiendas lo que en mi mente sucede
Es difícil decir querer tu amistad (cuando quiero algo más)
Ya que nunca me di cuenta del final (no lo quise escuchar)
Y tu razón no me estremece y en mi fantasía perece…
A F.J.Q.O.
quisiera que supieras que no estoy bien, que te extraño, que dormir cada noche parece un milagro y que despertar me parece algo insano,que busco una tregua con mi destrozado orgullo y que cada pensamiento en mi mente esta sujeto al monopolio de tu ser. Y te sigo queriendo. –pero no es querer, es amar, pero mi orgullo que aun no muere no le gusta esa palabra-.
quiero que sepas que sigo sangrando, y cada gota se ríe de mi iluso corazón que creyó que el amor y la amistad eran al perfecta unión. No dejo de pensar que lo que te hace actuar y callar es lo mismo que te hizo abrazarme y decirme que siempre estarías allí, que siempre estarías conmigo, que me ayudarías a reír y que pararías mi llanto.- hoy no se donde estas, no estas aquí conmigo, lloro mas a menudo que antes y no lo has parado, lo has provocado-.

La tristeza produce una caida de la energia y el entusiasmo por las actividades de la vida , sobre todo por las diversions y los placeres y, a medida que se profundiza y se acerca a la depresion, hace mas lento el metabolismo del organismo. Este aislamiento introspectivo crea la oportunidad de llorar por una perdida o una esperanza frustrada, de comprender las cojnsecuencias que tendra en la vida de cada uno y, mientras se recupera la energia, planificar un nuevo comienzo.

